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24 millones de euros en venenos despilfarrados por Castilla y León
Mientras la Junta de Castilla y León, vive en los mundos de Yupi y dice que el veneno acabó con la plaga, proclamando a agricultores y prensa su ejemplar actuación, la realidad es muy distinta y muestra a una administración negligente, y ejerciendo la temeridad ecológica.
Castilla y León se gastó 24 millones de euros en venenos para frenar la plaga, pero la muerte de estos roedores fue igual de fulminante en las áreas en las que no se empleó.
“En un momento en que el campo estaba lleno de grano envenenado en superficie, encontramos que solo el 50% de los cadáveres de los topillos tenía el tóxico. El resto había muerto por otra causa, posiblemente un agente patógeno. Es decir, había en el campo un agente de mortalidad natural tan importante como un tratamiento salvaje con rodenticida“, explica Javier Viñuela, biólogo del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), del CSIC, y uno de los autores del trabajo realizado conjuntamente con la Universidad de Valladolid
“Esto es lo que explicaría algo que se sabía, pero que se ha vuelto a ignorar conscientemente: los topillos desaparecen igual de bien de zonas en las que se trata con veneno como de zonas sin tratar, y la brusca desaparición es un fenómeno natural“, concluye Viñuela. “Las lagunas de Villafáfila, en Tierra de Campos, y Ayllón en Segovia, son dos de los lugares en donde la plaga ha remitido por sí sola”.
Otro de los investigadores del IREC, Rafael Mateo, explica los dos escalones en la gravedad del problema:
“Al principio, el tratamiento se hizo de forma no selectiva, esparciendo en superficie el grano tratado con clorofacinona, por lo que se intoxicaron todas las especies que se alimentan de ese grano en la zona“. El experto explica que, más tarde, decidieron cambiar a bromadiolona, un raticida más potente que además de matar a las especies granívoras puede llegar a acumularse en las especies depredadoras hasta intoxicarlas. “Nuestros estudios en curso indican que la clorofacinona era suficiente para matar a los topillos, pero que la forma de aplicación (tipo de cebo y colocación)
deberían mejorarse para ser más eficaces y selectivos“. La investigación, de la que es coautor Rafael Mateo, está a punto de ser publicada en la revista científica Avian Diseases.
Otro trabajo realizado por Pedro Olea, de la Universidad de Léon, revela:
En los trampeos realizados durante la primera oleada de veneno hallaron ocho comadrejas vivas, uno de los mamíferos más comunes en el campo. En la segunda tanda, ya en verano de 2008, ni uno solo de estos mustélidos dio señales de vida.”
Javier Viñuela del CSIC
“La presumible alta mortandad de depredadores desestabiliza el equilibrio ecológico, y deja al campo sin defensas naturales ante un futuro rebrote de la plaga de topillos”.
“Es una buena noticia que la Junta haya creado finalmente un comité científico“, opina Viñuela, “especialmente porque hasta ahora ha preferido ignorar toda la documentación científica que existe al respecto, tanto nacional como internacional, y que es unánime a la hora de aconsejar justo lo contrario de lo que han hecho“.
Add comment 26/05/2008