VALORACIÓN A LA SENTENCIA SOBRE LOS TRATAMIENTOS CON VENENO PARA COMBATIR LA PLAGA DE TOPILLO CAMPESINO

Posted on 15/10/2008

0


Sentencia de la Audiencia Provincial de Valladolid a favor de la Junta de Castilla y León, sobre el  empleo indiscriminado de sustancias tóxicas para combatir la explosión demográfica de topillo campesino (Microtus arvalis) 2007.

En una lectura de la misma:

1) Así, el juez reconoce que «Sin duda, con la actuación de la Administración Autonómica, que entre sus funciones tiene el cuidado y la protección de la naturaleza, y se vieron afectadas especies no diana; consta a lo largo de la causa que otros animales se vieron afectados por el tratamiento suministrado».

2) Es también reseñable la parte de la sentencia en la que se dice que «También es cierto que el tratamiento se podría haber efectuado, quizá con un coste mayor, de otras formas que hubiesen podido producir un menor impacto medioambiental …».

3) Finalmente, el juez reconoce que la Administración se vió en la tesitura de actuar para evitar daños a los cultivos y la salud pública o no hacer nada,  sentenciando finalmente a favor de la administración regional.

En opinión de los grupos conservacionistas, pese a la insatisfacción que produce no haber visto atendida nuestra reclamación, consideramos fundamental el hecho de que el juez reconozca de forma clara en ineludible la existencia de daños sobre la fauna vertebrada. La administración ha conseguido inclinar la balanza a su favor alegando graves daños contra los cultivos de no haber actuado, pero lo cierto es que los datos aportados por la propia administración dicen precisamente todo lo contrario.

En términos agrícolas se define a una «plaga» como aquella enfermedad, parásito o herbívoro que causa pérdidas en producción superiores al coste de erradicarla. Pues bien, resulta que los datos aportados por la Consejería de Agricultura dicen que se han invertido 24 millones de euros en el control de la plaga, mientras que los daños a la agricultura han sido de 4,2 millones de euros, es decir, se han gastado seis veces más en la lucha contra la plaga que en los daños atribuidos a la misma.

Hay otra parte fundamental en este asunto que lamentablemente el juez no ha tenido en cuenta, la propia dinámica de estos ciclos demográficos de roedores. La dinámica de estas plagas está sobradamente estudiada en Europa, se sabe que son ciclos que se repiten cada 3-5 años y que, tras varios meses de máximos poblacionales, finalmente se colapsan de forma natural. Por razones obviamente políticas, la Junta de Castilla y León ha decidido actuar sin ninguno criterio técnico, siguiendo las exigencias de los sindicatos agrícolas que exigieron la adopción de medidas como el empleo de veneno, la quema de los restos de cultivos o la limpieza de cunetas, medidas a todas luces muy graves en lo que a conservación del medio natural se refiere y cuya ineficiencia para el control de los topillos ha quedado sobradamente demostrada. Un claro ejemplo puede ser el caso de la Reserva Natural de Villafáfila (Zamora), un espacio natural donde afortunadamente no se ha producido el empleo de ninguna de estas técnicas, pero donde los topillos han desaparecido de forma simultánea a lo acontecido en los municipios próximos, donde allí si se llevaron a cabo estas prácticas. Invitamos igualmente a la Junta a que compare los datos de producción en este Espacio Natural y en los pueblos limítrofes, es evidente que los datos son idénticos, lo que demuestra que las medidas utilizadas no han servido para nada, bueno para algo si, para diezmar de forma dramática otras especies vertebradas.

 Evaluación de los daños a otras especies vertebradas

Desde los grupos conservacionistas queremos denunciar el ocultismo de la administración regional en dar a conocer los daños colaterales que otras especies no diana han sufrido con los tratamientos aplicados. Se está tratando de ocultar la práctica desaparición de liebres en toda la comarca de Tierra de Campos, atribuyendo a un brote de tularemia -que si ha existido al igual que otros años- la desaparición de las mismas, pero los datos indican que el número de personas afectadas durante este último brote es todavía inferior a episodios precedentes, aunque es obvio que la población de liebres ha desaparecido totalmente en muchos municipios.

Está igualmente probada la muerte de miles de palomas bravías y domésticas. Hay numerosos atestados del SEPRONA de la Guardia Civil y denuncias de personas particulares donde se recoge la muerte de 100, 200 y hasta 500 aves en un solo palomar. No es en absoluto exagerado decir que varias decenas de miles de palomas se han visto afectadas por estos tratamientos y han muerto. Tampoco se ha evaluado, y esto es todavía mucho más grave, las consecuencias que la ingesta de estas palomas ha podido tener para la salud humana, ya que hay que recordar que estas aves se crían para ser consumidas por el hombre.

Por último están el resto de aves silvestres, se ha demostrado mediante analíticas la muerte de varias especies de rapaces, de avutardas y de otras aves esteparias como perdices rojas o calandrias. El caso de este último grupo de aves reviste una especial gravedad desde el punto de vista medioambiental, los programas de monitorización están mostrando una drástica disminución de estas amenazadas especies. Se puede ya adelantar que varias decenas de miles de alondras comunes y calandrias han desaparecido de los cultivos cerealistas de Tierra de Campos. El caso de la perdiz roja es igualmente sintomático, después de la exitosa temporada de cría del año 2007, miles de perdices rojas han desaparecido una vez terminada la temporada cinegética sin que exista ninguna explicación lógica para ello.

 Prevenir mejor que curar

Desde los grupos conservacionistas confiamos en que esta desafortunada actuación sirva al menos de experiencia para el futuro. Desde mediados de los años ochenta Castilla y León viene presenciado estas explosiones demográficas de topillos. Es algo obvio que en dos o tres años volveremos a tener una nueva explosión demográfica. Este es por lo tanto el momento de trabajar, antes de que se produzca, diseñando sistemas que permitan avanzar la llegada del ciclo, concienciando a los agricultores de que su presencia es temporal y de que los daños, como han demostrado los datos económicos de la pasada campaña, no son tan exagerados como se dicen. Es el momento de dar participación pública a todas las partes implicadas y no excluir a los colectivos que piensan de forma diferente a la administración. Y por último, y lo más importante, que medidas improvisadas y arriesgadas como el empleo de venenos no solucionan en absoluto el problema, pero si han tenido terribles consecuencias en el resto de fauna vertebrada, esa por la que la Unión Europea está aportando importantes cantidades económicas a los agricultores para que realicen unas prácticas agrícolas favorables para su conservación.

 Firmantes de la nota: Asociación de Naturalistas Palentinos, Ecologistas en Acción y Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico.