La Culpa de la Calidad y Cantidad de la Pesca NO la Tienen los Cormoranes

Posted on 10/04/2013

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Ahora le toca el turno al Cormorán (Phalacrocórax), un ave que tiene la mala costumbre de alimentarse de algo que es usado por el ser humano como mero entretenimiento, peces, por tanto entra en competencia directa con los pescadores y algunos de estos ya piden su erradicación.

Fieles a la manera de hacer las cosas en esta nuestra provincia, ciertos colectivos de pescadores ya achacan al cormorán los malos resultados de las jornadas de pesca, por ello hay que eliminar de “sus” ríos a esta especie, siempre con el argumento válido y convincente de que pagan unas tasas por poder ejercer la actividad de la pesca. Estas peticiones se hacen en base al argumento “..de que hay muchos y comen muchas truchas..”

Se echan en falta una vez más los datos científicos/técnicos que avalen decisiones como las que ya se vienen aplicando por parte del personal de la Junta de Castilla y León, abatiendo varios ejemplares de estas aves, según criterios que a día de hoy no hemos logrado conocer.

Que la presencia de cormoranes es cada vez más abundante en nuestros ríos es algo fácil de constatar, lo que desconocemos realmente es la estima de su población, su dieta y la presión que ejercen sobre determinadas especies de peces y especialmente sobre aquellas más preciadas por el colectivo de pescadores. Esto requiere de un esfuerzo que corresponde al Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, y comprobamos que no existe voluntad de realizarlo.

Querer cargar los problemas de la pesca sobre estas aves es tan necio como querer tapar el sol con un dedo, los problemas de nuestros ríos no son nuevos, ni de fácil solución, así nos podemos encontrar con los siguientes problemas que amenazan hoy a nuestros sistemas acuáticos: contaminación de las aguas, canalizaciones, extracciones excesivas de agua para riego o consumo urbano e industrial, extracción de gravas, construcción de embalses y minicentrales hidroeléctricas, introducción de especies alóctonas, contaminación genética, furtivismo, sobre-pesca, todas ellas actuaciones de origen humano que perjudican enormemente a las poblaciones de peces, llegando en algunos casos a extinguirlas.

Quizá el talón de Aquiles de los problemas asociados a nuestros ríos es la   contaminación química que proviene sobre todo de la agricultura y en menor parte de la industria, es un tipo de contaminación poco llamativo que pasa desapercibido en sus primeras fases, pero muy dañino. Restos de plaguicidas y abonos de la agricultura, purines, hidrocarburos, PCBs, disolventes orgánicos, metales pesados, agua calentada por reactores térmicos, aguas fecales de multitud de poblaciones vertidas a diario a los ríos. Abonos y biocidas que destruyen el oxígeno y la vida, aguas calientes que eliminan comunidades, compuestos químicos que reaccionan entre sí, se acumulan en los organismos y traspasan las redes tróficas, poniendo en peligro también nuestra propia salud.

Podemos comenzar enumerando las modificaciones salvajes que se han hecho en determinados cauces, eliminando meandros y zonas de refugio para muchas especies de peces, con la consiguiente eliminación de la vegetación de ribera asociada.  Esto supone una alteración del ecosistema que conlleva romper el equilibrio dinámico que influye directamente en la reproducción, el crecimiento, la migración, la mortalidad y las interacciones ecológicas de las diferentes especies.

Seguimos con el dragado de numerosos ríos y arroyos, dando como resultado la alteración drástica de las funciones derivadas de estos espacios, se ha eliminado todo lo que tenía vida, hemos conseguido tener unos cursos de agua “limpios” pero sin vida. No tenemos más que asomarnos a muchos de nuestros pueblos y comprobar las famosas escolleras lineales que son una auténtica bofetada a la idea de lo que tendría que ser un río y no un canal. Ante esta política de “canalización” sistemática de muchos tramos de nuestros ríos no ha habido un contrapunto en las sociedades de pescadores defendiendo un medio digno para las especies pescables.

Otro problema nada desdeñable son las especies invasoras, esas que desplazan a las especies autóctonas competidoras menos fuertes y ejercen una mayor presión sobre las especies presa, lo que suele conllevar la rarefacción o incluso extinción de muchas especies autóctonas. Sin olvidar el potencial de ser portadoras de enfermedades nuevas y letales para las especies nativas. Muchas de estas “introducciones” provienen de pescadores que buscan satisfacer sus deseos de pescar cosas nuevas.

Seguramente podríamos seguir enumerando los muchos y graves problemas a los que se enfrentan nuestros ecosistemas acuáticos, pero queremos dejar en aire estas dos reflexiones: el año pasado la Junta de Castilla y León cerró la piscifactoría de Celadilla donde venía trabajando de manera adecuada y con buenos resultados para conseguir una línea de trucha genéticamente pura del sistema Carrión, la excusa de la crisis fue el argumento para cerrarla; por otro lado no estaría de más que desde las asociaciones de pescadores realizaran una campaña de concienciación entre aquellos pescadores que dejan en mal lugar al resto, para que dejen los lugares donde pescan al menos como los encontraron, sin la necesidad de meter el vehículo hasta la misma orilla del río.

Hablábamos del Cormorán como problema principal de la pesca.

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