Mi primer veneno: la gran estafa de la alimentación infantil

Posted on 01/08/2018

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Justicia Alimentaria presenta el informe “Mi primer veneno: la gran estafa de la alimentación infantil” para dar a conocer el entramado publicitario, de avales médicos, etiquetado confuso y reclamos nutricionales engañosos en la venta de productos alimentarios procesados para bebés. Estos productos se publicitan como saludables, pero son altamente procesados, tienen un escaso valor nutricional, algunos de ellos son claramente insanos y todos están muy alejados de las bondades incuestionables de la alimentación casera.

La investigación evidencia que el principal problema de este tipo de productos es que contienen altos niveles de azúcar. Tras analizar los productos de las principales marcas, el informe destaca que las papillas contienen entre 21 y 23 gramos de azúcares cada 100 gramos de media. Esto significa que, si un bebé consume estas papillas durante unos 4 meses, ingerirá solamente por este producto casi 1,5 kg de azúcar. Es importante recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no dar azúcar ni sal a estas edades. El primer problema de salud pública en el Estado español son las enfermedades relacionadas con la mala alimentación y algunas manifestaciones de esto, como el sobrepeso y la obesidad, tienen una prevalencia muy alta en la población infantil.

A este informe ahora también le acompaña un video , Javier Guzmán director de Justicia Alimentaria, ha destacado que «era necesario realizar un vídeo de estas características que ayude a difundir los datos de nuestro último informe porque, ahora mismo, las familias solo reciben los mensajes de la industria a través de publicidad, etiquetados confusos y con la colaboración de algunas sociedades médicas financiadas por las propias empresas alimentarias. No hay información real».

En este sentido, el vídeo quiere evidenciar los trucos publicitarios y del etiquetado, la importancia en la percepción del comprador del lugar donde se venden y de quién reciben el aval; es decir, el hecho de que se vendan en farmacias o los avalen algunas asociaciones pediátricas. El objetivo de la industria no es otro que crear el imaginario colectivo de que se trata de productos «especiales» para el crecimiento de los bebés, cuando en realidad lo único que necesitan es comer comida real y no productos procesados.

Justicia Alimentaria no solo denuncia estos hechos, sino que también reclama a la Administración pública del Estado prohibir la publicidad de alimentos insanos dirigidos a la infancia, prohibir la propaganda y venta de estos productos alimentarios en centros médicos y farmacéuticos, regular el conflicto de intereses de las empresas en temas de salud y prohibir la participación de organizaciones que tengan conflictos de intereses entre sus objetivos privados y públicos en la toma de decisiones sobre la salud pública.

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