A VUELTAS CON LA CAZA EN CASTILLA Y LEÓN

Posted on 01/03/2019

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El pasado miércoles se ha conocido el Auto del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León por el que, al parecer, la caza queda suspendida en esta CCAA y asistimos sorprendidos a la inexplicable reacción que se ha producido.

Empezaremos por el principio.

Independientemente del posicionamiento que podamos tener con respecto a la actividad cinegética ésta lleva décadas queriéndose fundamentar en dos pilares:

  • El control de poblaciones.
  • El desarrollo del medio rural y los ingresos que proporciona a las economías rurales.

Ambos son más que discutibles, por no decir que faltos de rigor, no nos extenderemos porque no es el objetivo en esta ocasión, pero sí podemos darnos una vuelta por el mundo rural de Castilla y León para comprobar su sangría poblacional y los pueblos agonizantes para darnos cuenta de que la caza ha servido de poco. En cuanto a las poblaciones, por un lado llevamos décadas, incluso siglos, cazando especies como el jabalí y parece ser que cada vez está más descontrolada, y por otro lado, hay especies a las que hemos llevado a situaciones críticas.

Parece por tanto que ambos argumentos no son todo los reales que nos quieren vender.

En fechas recientes se intentan añadir otros dos argumentos para que se cace: la seguridad del tráfico y el aspecto sanitario. Sobre el primero solo decir que se utilizan los datos de forma sesgada porque no se tiene en cuenta el incremento del tráfico y del número de vehículos en las zonas afectadas. Y el segundo, el aspecto sanitario, es sencillamente hipocresía. En cambio, nadie habla de los muertos por accidentes de caza, que quizás superen en algunas provincias a los de tráfico.

Además algunos también dejan en el aire la pregunta sobre qué hubiera pasado de no haberse cazado estas décadas, eso nos gustaría saber a nosotros, animamos a probarlo.

Volviendo a la noticia de la suspensión de la caza, la cascada de declaraciones en los medios de comunicación nos produce una mezcla de indignación, sorpresa y vergüenza.

Decimos indignación por ver como pocos apuntan al verdadero culpable de esta situación: la Junta de Castilla y León y el partido que nos gobierna desde hace más de 30 años, el PP.

Una Junta de Castilla y León que peca de ignorancia y de soberbia en materia medioambiental. Ignorancia, porque así lo demuestran los continuos varapalos de los tribunales, que no solo dejan al descubierto a los políticos, sino también a los responsables de la Dirección General del Medio Natural, muchos de ellos de libre designación, correas de transmisión por tanto del PP y de la Junta que los ha puesto ahí, no nos olvidemos que por unos salarios suculentos, y que demuestran su torpeza continua. Léase Jefe del Servicio de Caza y Pesca y Director General del Medio Natural entre otros. Y soberbia, como estrategia, hacemos lo que queremos y a ver si los tribunales aguantan la presión que les echemos encima.

Como buen cazador, apunta bien el presidente de la Federación de Caza de Castilla y León cuando dice que esto solo puede deberse o bien a la torpeza de la Junta, como así es, o bien a que ha tocado una sala del TSJ afín a los planteamientos ecologistas, aquí falla de forma premeditada y con cierta mala intención, pero tiene que meter presión en la caldera, más cuando le va el patrimonio y los ingresos en ello.

Decíamos sorpresa, por ver como el principal partido de la oposición, por un puñado de votos, corre a unirse al partido gobernante. Es increíble como se maneja de bien el bipartidismo las pocas veces que le interesa, y que una de esas pocas veces sea para el tema cinegético, como si no hubiera temas mucho más importantes que resolver.

Y decíamos vergüenza por la presión intolerable a la que se está sometiendo a los magistrados del TSJ que han dictado ese Auto, a los que muchos señalan como culpables olvidándose de la Junta. Incluso en una radio pública escuchamos como se pone un énfasis desmedido sobre el voto particular emitido, y los fundamentos de este voto, obviando totalmente el resto del Auto y presionando sutilmente a los magistrados que lo han sacado adelante, penoso.

La caza es una actividad que goza de todos los parabienes y de una normativa muy favorable, incluso benévola, no hace falta más que ver los periodos de caza actuales y los de hace un par de décadas, o cómo se permite desde hace unos años duplicar cacerías de jabalí sin más, o matar hembras de cérvidos sin cupo y sin precintar, o como se autorizan daños en época de veda, o la escasa presencia de agentes medioambientales en el campo. Además de la modificación de la normativa sobre sanciones y/o las resoluciones autorizando fuentes luminosas en aguardos, prohibidas por la Ley de Caza. Todo esto sólo como ejemplo de los continuos errores a los que ahora el Tribunal Superior pone coto y dice basta ya, de tomaduras de pelo, de modificaciones de normativas por la puerta de atrás y de hacer lo que uno quiere.

Esto demuestra lo que significa la caza en España en general y en Castilla y León en particular, un sector cada vez más pequeño, así lo demuestra el número de licencias, pero cada vez más elitista y con más vínculos con el poder político, a sabiendas de los beneficios que esto conlleva. Sin olvidarnos de los técnicos y gestores, muchos de ellos con licencia de caza, lo que ya inclina la balanza de una forma preocupante. En definitiva, un auténtico lobby que lucha por mantener sus cuotas de poder, porque hay mucho dinero en juego, y gran parte de ello en negro.

Ahora solo queda que los agentes de la autoridad hagan cumplir la ley y que el nuevo gobierno que salga de las urnas, empiece una nueva casa y por los cimientos.

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