El Monte El Viejo, como nuevo

Posted on 16/04/2021

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«Resalveo de conversión« técnicamente eso es lo que nos han dicho desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León para justificar los destrozos que se han ejecutado en 65 hectáreas de creación de áreas cortafuegos, en 4 hectáreas de resalveo con aprovechamiento de biomasa, en 22,33 hectáreas sin aprovechamiento de biomasa y en 10 hectáreas de resalveo en el recinto de los ciervos, del Monte El Viejo durante 2020 y que tendrá continuidad durante 2021, 2022 y parte de 2023.

Como viene siendo habitual desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente lo que menos importa es el medio ambiente y lo que prima es la cuestión económica. Los trabajos aprobados para dar cumplimiento al Proyecto de Ordenación del Monte deben de contar con varias alternativas que vayan desde la no actuación, coste cero, con la que ninguna empresa obtendría beneficio, hasta otras alternativas que ofrezcan distintos tipos de resalveo, con o sin aprovechamiento de leñas bien para los vecinos bien para biomasa, y con diferentes costes que serían proporcionales al grado de agresividad hacia las zonas a tratar.

Todas las alternativas tendrían que contemplar, con ligeras diferencias, los mismos trabajos (apeo, desramado, poda, apilado, trituración, saca) para conseguir los objetivos previstos, disminuir el riesgo de incendios, fomentar el uso público, obtener subproductos forestales para autofinanciar las labores proyectadas y disponer de una cuadrilla-retén de incendios. La diferencia entre las distintas alternativas estaría en la manera de ejecutar esos resalveos.

Esta apreciación parte de que el propio Plan Especial del Monte el Viejo contemplaba, en su día, el plan dasocrático, es decir, “un proyecto de Ordenación de Montes que, por su singularidad —pequeña extensión; funciones preferentes distintas a las de producción de madera o corcho; masas inmaduras (sin arbolado en edad de corta), etc.— precisan una regulación más sencilla de la gestión de sus recursos arbóreos”. Entre estos se contemplaba la actuación a través de nuevos plantones, nuevos pies, que ayuden a regenerar un monte muy envejecido y que necesita nuevos individuos que ayuden a dicha regeneración. La práctica dasocrática es sustancialmente más costosa que la del resalveo, pero genera puestos de trabajo estables y conocimiento de la zona en la que se va a actuar y requiere de un seguimiento y mantenimiento de la actuación realizada. El resalveo hace posible la ilusión óptica del mantenimiento de la superficie arbolada, o incluso su incremento, por la medición de la superficie ocupada por las copas, pero las consecuencias asociadas, entre otras, implican una destrucción de hábitat de animales, la pérdida de humedad, el incremento de la evapotranspiración, el aumento de las temperaturas a nivel de suelo, el deterioro del suelo, la acentuación del carácter basófilo del suelo y la alteración, consecuente, de las condiciones ecológicas de la encina y el quejigo que ven alejarse sus necesidades de la nueva realidad planteada por el resalveo. Un monte mil veces explotado no se transforma por mera intervención simplificadora de la estructura del mismo, sino que necesita de planes a largo o muy largo plazo para regenerarse.

El Monte El Viejo es un espacio del que históricamente se han obtenido diferentes recursos, siendo el aprovechamiento de leña uno de los más comunes y se ha venido realizando hasta hace pocos años. Este recurso, entendiendo que debe hacerse de manera ordenada, ha sido descartado por la Junta de Castilla y León, con el beneplácito del Ayuntamiento, por ser muy caro al no poder enajenar la madera para compensar la inversión y por comodidad para no tener que gestionar el reparto de leñas entre los vecinos.

Uno de los aspectos en lo que más inciden el jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente y la Jefa de la Sección Forestal II, como directora de la obra, para defender estos trabajos realizados durante 2020, es la prevención de incendios forestales, para ello se aprobó en el proyecto establecer la creación de fajas cortafuegos de 50 metros de anchura para ejecutar sobre 35 km lineales. Como bien apunta el jefe del STMA, desde hace muchos años en Ecologistas en Acción venimos defendiendo medidas preventivas para evitar los incendios y minimizar los efectos de estos, eso no quiere decir que no sepamos que la selvicultura preventiva, que es básicamente en lo que consisten estos trabajos, recomienda que la anchura de estas áreas/fajas sea de al menos cuatro veces la altura media del arbolado existente en el área, es decir, a lo sumo de 20 metros. Si los esfuerzos puestos en intentar defender los destrozos ambientales se hubieran puesto en comprobar adecuadamente la memoria antes de darla por buena, puede que el resultado hubiera sido otro.

En cualquier caso, el diseño de las áreas cortafuegos por lo que parece no ha seguido ningún tipo de criterio: no se han dispuesto en una dirección perpendicular a la del viento dominante, no unen zonas sensibles como las destinadas al uso recreativo, zonas edificadas o áreas cultivadas. Es decir, se han ejecutado sin atender a ningún criterio técnico de selvicultura preventiva.

La anchura de 50 metros que se ha considerado a todas luces parece arbitraria: no sigue el modelo aconsejado en la numerosa bibliografía existente sobre selvicultura preventiva, que aconseja 12 metros en terrenos llanos con arbolado y matorral ligero, y 25 metros, en el caso de que el arbolado y matorral sean densos, anchuras que, lógicamente, se verán ampliadas en zonas de fuerte pendiente, que no es el caso.

¿Es necesaria la eliminación del matorral de toda la faja o solo con haber eliminado éste en una anchura de 4-6 metros a cada lado de las pistas, o de las parcelas de cultivo, hubiera sido suficiente?. Ateniéndonos a la numerosa bibliografía existente esta recomienda mantener golpes de vegetación dentro del área cortafuegos, para proporcionar alimento y refugio a la fauna silvestre.

Para la realización de los trabajos se tendrían que haber adoptado todas las precauciones necesarias para realizar una correcta ejecución del apeo y conseguir reducir el rebrote, así como también minimizar la corta de pies para realizar calles de saca, además en los rodales menos evolucionados, con menor biomasa y presencia de matas con pies de menor diámetro, se tendría que haber optado por un resalveo poco intenso y sin aprovechamiento de biomasa incorporando esta al suelo y conseguir así una importante mejora edáfica.

Para la creación de áreas cortafuegos se tendrían que haber desbrozado manualmente las especies heliófilas y dejar como máximo, un grado de recubrimiento del suelo del 25%. Todo esto, como se puede ver en las fotos, se ha pasado por alto y la empresa que realiza los trabajos opta por la vía fácil con el beneplácito de la directora de la obra que en teoría es la encargada de fiscalizar los trabajos, el resultado es el destrozo del espacio natural mejor conservado del municipio.

Del mismo modo que tampoco se considera técnicamente muy acertado el intenso resalveo practicado en estas áreas cortafuegos, ya que, con la puesta en luz del suelo, se producirá un rebrote vigoroso de la mata y del matorral heliófilo del sotobosque que, si se desea que la faja siga haciendo su efecto, deberá controlarse mediante sucesivos desbroces de mantenimiento, a costa del erario público, cuando hubiese sido más que suficiente la eliminación de pies dominados para evitar tangencia de copas, que sigan con su efecto sombreo e impidan el abundante sotobosque que se generará en estas zonas de quercíneas.

Parece más que evidente que la Directora de la Obra tiene un importante déficit de experiencia en selvicultura preventiva y de comportamiento del fuego, limitándose a redactar un proyecto pobre en contenido, sin adaptarse a las necesidades y coyuntura actuales, defendiendo un modelo selvícola con un alto coste de ejecución y mucho mayor en su mantenimiento, a costa del dinero público y de uno de los pocos montes mediterráneos autóctonos de los que disfrutamos a diario todos los palentinos.

Aunque las actuaciones objeto del proyecto no precisan someterse al procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental, la vigilancia y control para comprobar que realmente los trabajos realizados se ajustan al proyecto aprobado se hace más necesaria en un espacio catalogado perteneciente a la Red de Espacios Naturales de Castilla y León que en base a la ORDEN MAM/1081/2005, de 10 de agosto, se declaró como Zona Natural de Esparcimiento el Monte «El Viejo».

El Proyecto de Ordenación del Monte El Viejo contempla el mantenimiento de un 30% de su superficie como evolución natural, es decir, se pretende actuar sobre el restante 70% de la superficie del Monte, la contrata ya está adjudicada hasta el año 2023, por ello sería conveniente que la dirección de obra encargada de controlar que los trabajos se ejecutan de acuerdo a la memoria aprobada recaiga sobre un técnico con experiencia acreditada en obras similares y no se delegue en personal interino, ya que legalmente no cuenta con capacidad para asumir esa dirección.

El Ayuntamiento, como administrador de la propiedad, no quiere saber nada, no quiere complicaciones y deja hacer, sin realizar un seguimiento ni llevar un control de lo que se está haciendo en el Monte. El desprecio hacia el arbolado, y el medio ambiente en general, es la tónica general del equipo de gobierno del Ayuntamiento que bien por omisión y dejación como en este caso, o bien como promotor de determinados proyectos, Jardinillos, Riberas del río Carrión, está consiguiendo hacer de Palencia una ciudad menos verde y menos amable.

Fotos: R.V.A