Destapamos los plaguicidas que hay en los alimentos

Posted on 11/05/2021

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Parte de los plaguicidas quedan en los alimentos como residuos invisibles y llegan a nuestras bocas, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) en sus últimos análisis, realizados sobre muestras de alimentos del año 2019, muestran que en los alimentos de venta en nuestro país hay una amplia presencia de plaguicidas, concretamente, el 34 % de todas las muestras analizadas contenían uno o más plaguicidas, este porcentaje asciende al 44,4 % en el caso de frutas y verduras, en algunas muestras se detectaron hasta nueve plaguicidas diferentes.

Para visibilizar esta contaminación, presentamos el informe ‘Directo a tus hormonas en formato de guía de alimentos más y menos contaminados, por ejemplo muestra que las fresas fueron el alimento con más residuos de plaguicidas, 37, de los que 25 son disruptores endocrinos.

El informe presta especial atención a la contaminación con plaguicidas que afectan al sistema hormonal, los conocidos como disruptores endocrinos, porque cualquier cantidad de estas sustancias pueden desencadenar daños en la salud, de manera equiparable a las sustancias cancerígenas, es decir, los límites máximos de residuos empleados por AESAN no protegen frente a estos plaguicidas para los que la única protección es prohibir su uso, además, el efecto cóctel de diferentes sustancias pone a la población ante un peligro desconocido e imposible de evaluar, según la comunidad científica.

El informe también denuncia que en nuestro país se sigue utilizando un elevado número de plaguicidas no autorizados por la legislación europea, concretamente, el 31 % de los residuos detectados pertenecen a plaguicidas no autorizados, pero el porcentaje real es mayor porque AESAN deja fuera del análisis los plaguicidas más utilizados en el campo, un ejemplo es el del 1,3-dicloropropeno, que no se analiza en las muestras a pesar de ser el tercer plaguicida más utilizado en 2019 y cancerígeno según la IARC.

Ante esta situación, en lugar de mejorar sus análisis, AESAN empeora la calidad de su control, reduciendo tanto el número de plaguicidas que analiza como el número de muestras que toma, situando a nuestro país a la cola de toda Europa en número de muestras por cada 100.000 habitantes.

La solución a esta contaminación está en manos de las administraciones que deben cumplir la normativa europea (como la estrategia “de la granja a la mesa” y la Directiva de uso sostenible de plaguicidas ) y reducir al menos un 50 % el uso y riesgo de los plaguicidas químicos para 2030, para ello, deben ser valientes y favorecer la transición a una agricultura que no requiera usar sustancias tóxicas, mucho más respetuosa con la salud y generadora de mucha mayor riqueza/puestos de trabajo.