Plaguicidas en nuestro dormitorio

Posted on 03/10/2021

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Un estudio descubre plaguicidas en el polvo de dormitorios cercanos a zonas agrícolas intensivas. Nuestro país está en el grupo de países europeos con cantidades mayores de este tipo de contaminación.

El riesgo de la deriva de plaguicidas

La agricultura intensiva sigue siendo el modelo de producción de alimentos dominante en la UE, lo que expone a las personas que viven en las zonas rurales cercanas a unas 400.000 toneladas de plaguicidas cada año.

Aunque existen diferentes métodos de aplicación de plaguicidas, la pulverización es el más frecuente y también el que más expone a la población vecina por efecto de la deriva.

La «deriva» es la cantidad de plaguicida que no se deposita en el campo tratado. Algunos plaguicidas pueden evaporarse con facilidad y recorrer largas distancias antes de condensarse. Otros pueden unirse a partículas de suelo y ser arrastrados por el viento.

Los animales silvestres sufren los efectos negativos de esta deriva que favorece que los plaguicidas lleguen a los «organismos no objetivo», como abejas, mariposas, aves o anfibios.

Los seres humanos también pueden convertirse en «organismos no objetivo». Tanto agricultor@s como residentes en las zonas rurales están expuestas a plaguicidas a diario. Numerosos estudios epidemiológicos asocian residir cerca de tierras cultivadas de forma intensiva con un mayor riesgo de cáncer, abortos, malformaciones y deterioro cognitivo.

Los modelos de cálculo que predicen la deriva de plaguicidas no están actualizados ni suficientemente corroborados por datos reales que muestran graves daños a naturaleza cerca de las zonas de aplicación.

Análisis del polvo de los dormitorios

El polvo doméstico se considera un buen indicador de la exposición a las toxinas ambientales de diferentes orígenes.

Por eso, la Iniciativa Europea «Salvemos a las abejas y a las agricultoras» ha realizado un estudio  que mide los plaguicidas que hay en el polvo de los dormitorios de residentes de zonas cercanas a agricultura intensiva. Para ello, tomaron muestras en 21 Estados miembros y buscaron 30 plaguicidas de los 450 aprobados en Europa.

El primer resultado ha sido que todas las muestras estaban contaminadas con plaguicidasLa media europea ha sido de 8 plaguicidas por dormitorio. La muestra más contaminada contenía residuos de 23 plaguicidas diferentes.

En una de cada cuatro muestras hay plaguicidas sospechosos de provocar cáncer (como Chlortoluron y Lenacil). También se encontraron con frecuencia presuntos disruptores endocrinos (como 2,4-D, Fluazinam, Metolachlor, Pendimethalin y Phosmet) y sustancias tóxicas para la reproducción.

Es decir, los bebés que gatean por el suelo en las zonas rurales están constantemente expuestos a través del polvo a posibles sustancias cancerígenas y a disruptores endocrinos. Esto es inaceptable, ya que la ciencia demuestra que la exposición a pequeñas concentraciones de estas sustancias químicas puede ser perjudicial.

Además, la exposición a mezclas de plaguicidas no ha sido nunca testada en laboratorio.

Plaguicidas en el polvo hasta en zonas no tan intensivas

Es importante indicar que este estudio pretende hacer una fotografía de la contaminación en zonas cercanas a agricultura intensiva, no pretende tener representatividad estadística.

En nuestro país, Luis Dorrio, se prestó voluntario a tomar muestras de polvo en su casa, situada en una zona rural de la Ría de Arousa. Luis vive rodeado de viñedos y otros cultivos como frutales, patatas y maíz. Cada pequeña explotación utiliza sus propios plaguicidas.

A pesar de no tratarse de una de las zonas con una agricultura intensiva más feroz, en el dormitorio de Luis se detectaron 3 plaguicidas diferentes. Preocupa que la concentración de estos plaguicidas, medida en mg por kg de polvo, es la segunda más elevada de Europa.

Más de un millón de personas de toda la UE piden el fin de los plaguicidas

Este éxito global en la Unión Europea, con más de 1.160.000 firmas, se ha refrendado en nuestro país, que ha recogido 50.566 apoyos, el 125 % de los requeridos por la Comisión Europea.

Consideramos que haber alcanzado más de un millón de apoyos debería ser suficiente para rectificar la política agrícola que desarrolla la Unión Europea, el Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas. Definitivamente hay que tomar medidas más serias para reducir de forma drástica las autorizaciones de estos productos que tanto daño hacen a la biodiversidad y a la salud humana, también apoyando otras formas de agricultura que ya existen y no necesitan plaguicidas.