La agroindustria contra la salud y la naturaleza

Posted on 24/03/2022

1



La agroindustria no duda en utilizar el contexto actual de guerra para debilitar las ambiciones y estándares europeos en términos de seguridad alimentaria y sostenibilidad. La Comisión Europea está cediendo a sus presiones, retrasando los objetivos de reducción de plaguicidas del Pacto Verde (como la reducción de un 50% en el uso de plaguicidas químicos para 2030). No sólo eso, los estados miembro también están aprovechando la situación para eliminar (dicen que temporalmente) los límites máximos de residuos de plaguicidas en alimentos, o LMR, existentes en la Unión Europea.

Los LMR, aunque muy discutidos por la ciencia, al menos aportan seguridad de que nuestra comida no tiene una cantidad excesiva de ningún plaguicida tóxico, en el caso concreto del maíz, principal producto importado de Ucrania con una media anual de 11 millones de toneladas, se están tomando medidas impensables antes. Por ejemplo, permitir su cultivo en terrenos reservados a la naturaleza (aunque el Comisario de Agricultura, Wojciechowski, afirme que «Sabemos que esto es importante para la biodiversidad«) y también aumentar los LMR de sus plaguicidas.

Maíz cargado de plaguicidas

En nuestro país, el Ministerio de Agricultura ha flexibilizado las condiciones para la importación de maíz para piensos de Argentina y Brasil, con una cantidad de plaguicidas mayor a la permitida en Europa.

La semana pasada, en una reunión del Comité de Plaguicidas (ScoPAFF) bajo la presión de las asociaciones comerciales, la Comisión permitió que los Estados que lo desearan aumentaran temporalmente los límites de residuos de ciertos plaguicidas. La sugerencia de la Comisión tenía letra pequeña, que exigía que estos cambios se hicieran cuando el riesgo no fuera considerado inaceptable por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), tras notificación a otros Estados, análisis de riesgos y consulta a la Comisión Europea.

Con rapidez inusitada, nuestro país ha aumentado los límites de varios plaguicidas presentes en el maíz: el clorpirifós metil, el diclorvos, el lambda-cialotrín y el pirimifos-metil. Pero la EFSA nos ha recordado (por medio de una carta que de momento no podemos publicar) que es inaceptable elevar la cantidad de dos de esas sustancias, el clorpirifos-metilo y el diclorvos: «debido a sus propiedades toxicológicas, no hay margen para establecer LMR más altos que los existentes sin comprometer la seguridad, tanto para alimentos como para piensos«.

Recordemos que el clorpirifós metilo es un insecticida que afectan al desarrollo cerebral infantil, hecho por el que fueron prohibidos en 2019 en Europa. Costó mucha presión y evidencia científica que se consiguiera su prohibición para que ahora vuelva a nuestro entorno.

Aprovechar la guerra de Ucrania para introducir por la vía rápida tóxicos prohibidos será muy perjudicial para nuestra salud, los suelos, el agua limpia y la biodiversidad.