Deforestación propia, importada y por qué hay que frenarla

Posted on 22/06/2022

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En estos días en nuestro país hemos podido notar una vez más, uno de los múltiples efectos de la crisis climática que padecemos a nivel planetario, con inusuales temperaturas para esta época del año, esto junto con una nula anticipación y pésima gestión forestal de nuestros gobernantes autonómicos ha llevado a nuestra comunidad por segundo año consecutivo, a liderar el ranking de deforestación con el incendio que ha calcinado más de 30.000 hectáreas de la «Sierra de la Culebra» en Zamora.

Entre 2004 y 2017 se perdieron más de 43 millones de hectáreas de ecosistemas forestales en los trópicos y subtrópicos, en regiones de América Latina, África subsahariana y Sudeste asiático. En este contexto de múltiples crisis ambientales y climáticas —cuando la profunda pérdida de biodiversidad a escala planetaria está generando constantes brotes de enfermedades zoonóticas y la deforestación está provocando escasez hídrica, contribuyendo al aumento de eventos climáticos extremos—, la devastación de los bosques es una cuestión ambiental de gravedad para todo el planeta. 

La Unión Europea es actualmente el segundo mayor responsable mundial de la deforestación tropical, sólo superado por China, debido a sus importaciones de productos agrícolas y ganaderos. Y nuestro país es, dentro del contexto europeo, el tercer país con mayor impacto en este asunto. La propia Comisión Europea realizó una consulta pública abierta en 2020 que recibió 1,2 millones de respuestas que mayoritariamente apoyaban una intervención, a nivel de la UE, para reducir su contribución a la deforestación y a la degradación forestal en el mundo. En la consulta, las partes interesadas —asociaciones empresariales y ONG— manifestaron su apoyo a opciones jurídicamente vinculantes ya que, en un alto porcentaje, opinaban que las medidas no vinculantes tomadas hasta el momento eran ineficaces.

Para ponerle solución, la Comisión presentó en noviembre de 2021 una propuesta de Reglamento destinada a reducir la deforestación y degradación de los bosques asociado a los productos comercializados en la UE. El texto propuesto para la futura norma, aborda tanto la deforestación legal como la ilegal en los países productores, y exigirá a los importadores que acrediten, a través de una diligencia debida obligatoria, que los productos no proceden de territorio deforestado después del 31 de diciembre de 2020. Sin embargo, este avance en la lucha de la protección de los bosques tiene importantes deficiencias que podrían debilitar sustancialmente su impacto.

Para fortalecer la aplicación del Reglamento la norma debe proteger, además de bosques y selvas, otros ecosistemas, como las sabanas y los humedales, que están ya bajo la presión de la expansión agrícola para abastecer a las industrias de la Unión Europea de materias primas. Por otro lado, la propuesta de la Comisión incluye una serie de productos y materias primas relacionados con la deforestación pero ha dejado fuera otros como por ejemplo el caucho, la viscosa, la caña de azúcar y el maíz.

El proyecto normativo, además, debe garantizar que los productos comercializados o exportados desde el mercado de la UE no estén relacionados con violaciones de los derechos humanos y para ello debe proteger adecuadamente los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Otra omisión importante, es la falta de requisitos de diligencia debida obligatoria para los sectores de las finanzas, obviando el papel de sus inversiones en la deforestación y degradación de los ecosistemas del planeta.