La Sierra de Guadarrama: la ‘piel’ de la Tierra después del fuego

Posted on 08/08/2019

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Aún humea el fuego en el Parque Nacional de Guadarrama y en Rascafría (800 hectáreas arrasadas) y ya comienza el triste balance de lo destruido y de lo que puede acontecer en el futuro. En el balance, los árboles perdidos, los arbustos masacrados, los nidos desaparecidos, los arroyuelos contaminados, la fauna grande que habrá huido y la pequeña que habrá resultado incinerada. En el balance la sospecha de que será otro incendio-delito impune.

Con los incendios que han quemado más de 55.000 hectáreas en lo que va de año en este reseco y semi-desértico país, se va nuestro tesoro.  Y se va sean árboles o arbustos, nidos de biodiversidad que, como señalan los expertos, permiten que la tierra siga en su sitio evitando un desastre.

132 especies diferentes de aves, desde águilas reales y halcones peregrinos, pasando por los alcaudones y los mirlos acuáticos, hasta búhos reales o los pequeños gorriones. Y reptiles, anfibios o insectos como la maravillosa mariposa isabelina (Graellsia isabelae), que alcanza los 10 centímetros de tamaño. ¡Y  los peces! Truchas o lamprehuelas (entre otras especies), que no sobrevivirán en las aguas contaminadas con cenizas de arroyos como los del Chorro Grande, las Flores, Morete y Carneros, todos ellos tributarios del río Cambrones.

¿Cuánto tiempo llevará recuperarlo en esas 800 hectáreas de ‘piel arrancada a la Tierra’ que hoy luce de luto? Según los expertos de una organización conservacionista, podría tardarse medio siglo, 50 largos años para volver a tener lo que existía hace apenas unos días rebosante de vida.

Las llamas -que no olvidemos que todo apunta a que fueron provocadas intencionadamente – han dañado y mucho pequeños manantiales fisurales y coluviales y han deteriorado relieves en gneises pseudograníticos, como son lanchares, berruecos y peñas.

¿Y qué puede pasar en el futuro? Pues que sin esa piel de verde-vida que recubría el terreno, las lluvias y tormentas generarán procesos geológicos en el futuro entre los que se mencionan la erosión por arroyada en la zona incendiada, con pérdida de suelos fértiles; el arrastre de cenizas y carbones de vegetación a los pequeños cauces que cruzan la sierra que, a su vez,  pueden ver colmatadas sus pozas y azudes; y también, al ser un suelo más impermeable por falta de vegetación, el aumento de la escorrentía y con ella las inundaciones, aunque llueva lo mismo. Además, con menos raíces (aunque sean de pequeños arbustos) es posible que en la granítica zona quemada de la sierra tengan lugar más desprendimientos de esas rocas que llevan ahí, deteriorándose al albur del agua y el viento, más de 500 millones de años.

Todos estos procesos potencialmente activos deberían ser monitorizados y articularse medidas correctoras y preventivas, para evitar mayores daños futuros.

Parece evidente que todo ello va a requerir un gran esfuerzo de monitorización, recuperación y vigilancia que deberán ser asumidas por las comunidades autónomas que gestionan el Parque Nacional, Madrid (que parece presidirá Isabel Díaz-Ayuso, PP) y Castilla y León (PP y Ciudadanos). En esta última, por cierto, Medio Ambiente y Fomento (es decir, construcción e infraestructuras) están en la misma Consejería. A destacar que ni Díaz-Ayuso ni ningún líder del PP o Ciudadanos que se sepa (ni siquiera el senador por Segovia Javier Maroto, reciente ‘residente’ en el cercano municipio de Sotosalbos) se acercaron al lugar del incendio a interesarse por lo que ocurría en la sierra.

a través de La Sierra de Guadarrama: la ‘piel’ de la Tierra después del fuego — Laboratorio para Sapiens

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