¿Más cerca ó más lejos de superar los 2ºC?

Posted on 14/12/2020

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El pasado 12 de diciembre se cumplieron cinco años de la adopción del Acuerdo de París, un acuerdo internacional que pretendía darle un sucesor al Protocolo de Kioto en la lucha internacional para el descenso de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Las diferencias entre protocolo y acuerdo son notables, pero, sobre todo, este último instaura una nueva óptica de las negociaciones internacionales, al definir un proceso basado en la voluntariedad de los países y no en la aceptación de las medidas indicadas por los paneles científicos. Un proceso que está fallando en limitar las emisiones globales de GEI en 2030 y que conducirían a un calentamiento global muy superior a los 3,7 ºC.

Tras 25 convocatorias de cumbres climáticas, el descenso de las emisiones no llega. 2019 marcó un máximo histórico en las emisiones globales, y a pesar de los efectos del parón de la COVID–19 la tendencia de 2020 sigue el mismo patrón. Mientras tanto, el planeta da cada vez más señales de graves alteraciones climáticas: las lluvias torrenciales, los episodios de sequía y los grandes incendios forestales siguen alcanzando enormes dimensiones y terribles consecuencias. De hecho, este año será el tercero más cálido jamás registrado.

Apenas queda tiempo para afrontar la emergencia climática y dirigir todos los esfuerzos a adoptar modos de vida que quepan dentro de los límites planetarios. Resulta paradójico comprobar como en la pasada cumbre del G20 se comprometieron 233.000 millones de dólares para sustentar a la industria fósil, mientras que solo se comprometieron 146.000 millones de dólares para las energías renovables.

A pesar de que en los últimos meses se han ido iniciando importantes reformas legislativas en materia climática que acumulaban años de retraso, la ambición de nuestro país sigue siendo insuficiente. La reducción del 20 % queda lejos del 55 % que sería necesario alcanzar en 2030 respecto a los niveles de 1990. Mientras, se adolece de una falta de planificación realista tanto en el despliegue de las energías renovables como en el impulso de otras estrategias sectoriales como el hidrógeno verde, que podrían llevar a nuevas burbujas especulativas con un elevado impacto ambiental y social. Una crítica de la que no están exentas las medidas de ayuda para la recuperación de la COVID–19, que deberían servir para afianzar proyectos auténticamente sostenibles, y no a empresas con un elevado impacto climático.

En este quinto Aniversario de la Cumbre de París, desde nuestro punto de vista no hay nada que celebrar hasta que existan políticas y medidas a la altura de las indicaciones científicas. Una falta de ambición que afianza nuestro compromiso con la respuesta que viene de la mano de la ciudadanía. Una ciudadanía que sigue movilizándose frente a la emergencia climática y que sigue creando proyectos capaces de sostener la vida desde lo local, lo cercano y lo humano.