La guerra se para con menos energía no renovable

Posted on 10/03/2022

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La invasión a Ucrania ha puesto de manifiesto la tremenda adicción de la UE (y algunos otros países) a las energías no renovables, que a su vez tienen un enorme coste social, ambiental y climático. Hoy más que nunca, la guerra evidencia las costuras de este sistema y señala que tenemos una oportunidad crucial para acelerar la transición y la reducción del consumo energético actual. Las sanciones y medidas para dejar de financiar esta guerra no deben ser la excusa para incrementar las infraestructuras de energías no renovables o para resucitar obsoletos proyectos que ya se habían descartado hace años.

En este escenario, la UE plantea diversificar las fuentes energéticas no renovables con el objetivo de reducir su dependencia al gas ruso. Esta propuesta ya fue planteada hace varios años. El resultado es que el gas ruso sigue representando el 45 % de las importaciones de gas europeas. Del mismo modo, no se pueden obviar los enormes impactos que suponen las alternativas contempladas por la UE, como las importaciones de gas proveniente del fracking de EE UU o aumentar el flujo de gas azerí y del petróleo saudí.

Otra propuesta de la UE es que nuestro país se convierta en un centro de exportación de gas al resto del continente europeo, las importaciones por gasoductos desde Rusia hacia la UE alcanzaron los 13 millones de pies cúbicos al día en 2020, lo que supone más de 17 veces la capacidad de exportación de gas actual de nuestro estado. El incremento necesario para abastecer a la UE debería realizarse mediante la importación de gas a través de barcos metaneros, lo que conllevaría multiplicar por tres la recepción de estos, unas importaciones cuyo coste económico y ecológico es muy elevado.

Aún así, grandes empresas del sector y algunos representantes políticos están intentando resucitar proyectos altamente impactantes como son el gasoducto MidCat y la regasificadora ilegal de El Musel, proyectos que ya fueron rechazados por sus elevados costes económicos y socioambientales, lejos de ser una solución, se convertirían en un problema a largo plazo ya que no favorecen la seguridad ni diversificación energética de la UE, sino la generación de activos varados que incrementarían más aún la dependencia del gas fósil en el futuro.

Estas propuestas son contrarias al cumplimiento del Acuerdo de París y a la propia transición energética de la UE. Solo servirían para seguir beneficiando a empresas energéticas de beneficios millonarios como Enagás. En su lugar, la inversión proyectada para estos proyectos debería ser destinada a medidas de reducción de la demanda y el adecuado desarrollo de las renovables, medidas que sí tendrían un efecto inmediato para la seguridad energética y establecerían las bases de una transición justa.

El peor de los temores es que el conflicto escale a una guerra nuclear, que tendría consecuencias dramáticas, una amenaza de guerra que no hubiese sucedido de haber logrado el desarme nuclear mundial, por lo que exigimos la ratificación del Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares. A ello se une el temor a un ataque a uno de los 15 reactores nucleares de Ucrania, que han puesto de manifiesto la amenaza que supone este tipo de energía no renovable, a pesar de lo que establece la nueva propuesta de taxonomía de la UE.

Asimismo, está siendo más evidente que nunca la extrema dependencia de nuestro sector agroindustrial de las grandes cadenas de transporte de recursos, como el grano para los piensos de las «macrogranjas», el gas para los fertilizantes que necesita inexorablemente este modelo de agricultura ó el petróleo para mover los «megatractores», por lo que las últimas declaraciones del ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación en la línea de rebajar la estrategia “de la granja a la mesa” o paralizar la aplicación de normas de seguridad alimentaria , responden únicamente a los intereses de la gran agroindustria.

Pensamos que el levantamiento de restricciones a transgénicos y fitosanitarios prohibidos o la reducción de estándares ambientales van en la dirección contraria a lo se debe promover en estos momentos, ya que seguramente contribuirá a agravar la dependencia energética, despoblación rural, perdida de biodiversidad, cambio climático y crisis ambiental, social y sanitaria actuales.

Por el contrario creemos que se debe aprovechar este momento para acelerar la transición del modelo agro-ganadero industrial hacia el ecológico/regenerativo, paralizar la producción de biocombustibles destruyendo bosques ó con materias primas alimentarias y apostar por el cambio de paradigma hacia una repoblación del medio rural(con bosques de alimentos y personas), el autoabastecimiento, la relocalización de producciones aumentando con ello nuestra soberanía alimentaria y reduciendo nuestra extrema dependencia exterior en un sector tan crítico.

Impulsar otro modelo de producción y consumo permitirá ahorrar en los distintos insumos beneficiando la renta agraria hacia una economía más resiliente a cualquier tipo de crisis ó caos climático, volviendo a situar la vida en el centro. Reconstruyamos la paz con una sociedad menos dependiente, más justa y sana.